En la crucifixión… la muerte sobrevenía como el fin de los sufrimientosEn contra de las representaciones pictóricas, la cruz no solía ser elevada, los pies del reo se encontraban sólo a uno o dos pies del suelo
La crucifixión es un antiguo método romano de tortura y ejecución. Consistía en inmovilizar clavando o atando a la víctima, generalmente desnuda, a una cruz, donde permanecía colgada hasta su muerte.
Habitualmente se ataba al reo a la cruz siendo la crucifixión con clavos reservada para casos de mucha gravedad o castigos ejemplares. La muerte podía producirse debido a deshidratación, hipotermia o cualquier otra consecuencia de encontrarse a la intemperie desnudo durante horas o incluso días, no era la forma habitual, normalmente morían por asfixia, al agotarse no podían soportar el peso de su propio cuerpo y quedaban “colgando” de sus brazos inmovilizados al listón horizontal; dicho peso causaba que sus pulmones no pudieran trabajar correctamente y se encharcaban provocando la muerte por asfixia. Debido a la posición estirada del cuerpo, los pulmones quedan comprimidos; la víctima se levanta apoyándose en los clavos que sujetan sus pies y sus muñecas y consigue respirar, aunque a costa de un dolor intensísimo. Cada movimiento va debilitando progresivamente a la víctima hasta que finalmente no puede incorporarse y se ahoga.
Contrariamente a lo que algunos puedan pensar de la crucifixión, las víctimas no eran clavadas a la cruz por sus palmas sin ser atados antes por las muñecas, ya que la carne de las manos no puede soportar el peso completo de la víctima y la persona caería al desgarrarse la carne. Normalmente se clavaban las muñecas (entre el radio y el cúbito). Hay representaciones artísticas de carácter religioso que representan las dos variedades, aún así incluso cuando se clavaban a la cruz se solía combinar atándolos.
En la crucifixión también se solían estacar los pies dando un soporte adicional a las palmas de las manos, por tanto se supone que la crucifixión estacando las palmas era posible si se ataban las muñecas o se estacaban los pies.
La víctima quedaba expuesta a una lenta, dolorosa y angustiosa agonía causada por el hambre, las hemorragias, la sed y los elementos (insolación). La muerte sobrevenía como el fin de sus sufrimientos.
Dicha agonía podía durar varios días. En algunos casos, los romanos quebraban los fémures de sus víctimas para acelerar la muerte, quienes al no poder sostenerse con las piernas acaban asfixiándose en minutos.
La crucifixión no es originaria de los romanos; era una técnica de tortura heredada de los bárbaros. El origen de la crucifixión no es del todo claro. Algunas fuentes aseguran que fue inventado por los fenicios o los persas en el siglo sexto antes de Cristo; para ellos la tierra era sagrada y por eso idearon esta forma de castigo en la que el condenado estaba lo más lejos posible del suelo para no contaminarlo. De los persas, la crucifixión pasó a los fenicios y de ellos la aprendieron los romanos, que la aplicaron luego en todo el antiguo Oriente. Durante siglos fue usada hasta que en el año 337 de nuestra era el emperador romano Constantino la abolió.
Cómo se realizaba la Crucifixión
La crucifixión era usada por los romanos con una doble función: ejecutar y mostrar un espectáculo público con el fin de disuadir a otros criminales de delinquir. Se solía emplear únicamente con esclavos, los peores criminales, los desertores militares y, especialmente, los traidores y extranjeros; debido a la crueldad de la ejecución en rara ocasión se crucificaba a un romano. Una vez la sentencia era firme se azotaba al preso y en algunas ocasiones se obligaba al ejecutado a transportar el madero horizontal que forma la cruz hasta el lugar donde iba a ser crucificado, esta viga se llamaba patibulum. No hay conocimiento de que se obligase a transportar la cruz entera como se escenifica en algunas procesiones del martirio de Jesús, aún así el tablón que conforma la estructura horizontal era muy pesado y debido a que las crucifixiones solían producirse en un lugar elevado cercano a la ciudad (con la intención de ser visible y tuviese una función más disuasoria) constituían una tortura, tanto física como moral, para el hombre que iba a ser ejecutado. A esto hay que añadir que durante el transporte del tablón hasta llegar a un monte cercano eran continuamente vejados, insultados e incluso apedreados por la población enfurecida. Leer noticia completa.
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