No hay en Él parecer, no hay hermosura“El hombre está esclavizado de sus concupiscencias, del mal en definitiva”
Viernes Santo…atardecer…José de Arimatea pidió enterrar el cuerpo de Jesús…Junto con otros lo bajaron de la cruz…lo cubrieron y lo depositaron en un sepulcro nuevo.
Cada Viernes Santo “la cofradía del devallament ” procesionais la imagen del Señor siendo bajado de la cruz; momento de gran trascendencia…antesala del principal acontecimiento que ha transformado la historia… “Un hombre ha vuelto del sepulcro”. Jesucristo ha resucitado. Esta es la buena nueva, este es el cristianismo del que vuestra cofradía está llamada cada día a participar. El cristianismo es una buena nueva. El Viernes Santo nos anuncia esta buena nueva, el gran acontecimiento. Jesucristo está vivo e intercede por ti.
Tendremos que salir de una mentalidad anquilosada. El cristianismo es buena noticia, acontecimiento en la historia con testigos cualificados “los apóstoles”; una noticia que ni tan siquiera depende de la calidad humana del que la anuncia, recordad como aquella mujer que tras el desembarco de los aliados en Francia, en plena Guerra Mundial, iba avisando que la guerra había terminado, podía haber sido una mujerzuela del pueblo, daba igual, lo que realmente contaba era la grandeza de la noticia ¡la guerra había terminado!
Toda noticia lo es porque llega en una situación determinada del que la recibe…Es noticia porque interesa al que escucha, porque viene a su situación concreta existencial y hay un cambio radical al escucharla.
Así ocurre con nuestra vida. Todos tenemos miedo a la muerte más profunda, a todo aquello que nos hace sufrir, todo aquello que de alguna forma amenaza tu personalidad, todo lo que va contra tu realidad existencial de vida y de alguna manera te destruye y te mata, todo lo que va contra tus ideales, contra tus proyectos, contra tus ilusiones, tus sueños, todo lo que va contra ti tu no lo puedes soportar y sufres.
El hombre está esclavizado de sus concupiscencias, del mal en definitiva. El hombre observa todos los días esta realidad, que no puede pasar la barrera que le separa del otro; vives insatisfecho porque sabes que te realizas cuando te entregas por el otro, pero encuentras que la mayoría de las veces no puedes pasar al otro. Tienes miedo a que el otro destruya tu ser, es lo que llamamos la muerte “óntica”. ¿Por qué si conozco el bien no puedo hacerlo? ¿Por qué hay barreras en mí que no me dejan entregarme por el otro?
La explicación la tenemos en un relato catequético que nos ofrece el libro del Génesis. El hombre ha experimentado la muerte al separarse del proyecto de Dios por su desobediencia… Adán y Eva eres tú…y como a ellos te sucede que al pecar, es decir, al separarte de su voluntad, experimentas la ausencia de Dios y por tanto la pérdida del sentido de la vida. Queda el hombre cercado por el poder de la muerte y no puede amar con total gratuidad…Nos convertimos dirá el apóstol Pablo en esclavos, vendidos al poder del Tentador, creando así una dicotomía interior…el bien que quiero no puedo realizarlo, en cambio lo que no quiero es lo que sale de mí.
Ante esta realidad del hombre que no puede salir de este cerco al que el “mal” le ha sometido, ¿Cuál es la buena noticia?
La del principio…ese Cristo al que habéis bajado de la cruz sin muchas esperanzas… ¡Resurrexit! Ha resucitado, ha roto ese cerco de muerte para que podamos pasar la barrera que nos separa del otro y amarlo.
La muerte ha sido vencida en la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor.
Ahora podremos amar en una dimensión nueva; siendo destruidas las barreras del corazón…quien se acerca a Él queda salvado, amado, perdonado…un hombre nuevo.
Él nos entrega la Ley enteramente cumplida, sólo tienes que acogerle en tu corazón y podrás hacer obras de vida eterna. Podrás decir como el Apóstol “ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Podrás experimentar ese perdón profundo que te hará gritar…¡mi vida tiene sentido!
Tengo acceso a la vida íntima de Dios…soy feliz…soy todo tuyo.
Por eso en esta Pascua del 2012 en la que vas a participar, ábrete a la gracia de Cristo, cree en la predicación de la Iglesia, porque quien cree en esta predicación, inmediatamente empieza a nacer en él una criatura nueva, es decir, Cristo mismo en ti. Él es la fotografía del hombre nuevo, el hombre que se abre a la Caridad, al amor al prójimo desinteresadamente, el que entrega su vida sin pedir nada a cambio. Él es el Rostro del Padre… Él es el Señor, Tu Señor. ¡Acéptalo! En nombre de Jesús…Acepta hoy…en esta Pascua…Su Salvación. De verdad, ¡Vale la pena! Estar con Él es con mucho lo mejor.
M. Ramón Martín
Párroco de la Mare de Déu del Lluch
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