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EL SEIS DOBLE
domingo, 13 de mayo de 2012
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 Estampas y recuerdos de Alzira (162)
Un cajero sin banco

No sólo eran las naranjas exclusivamente el fruto que se confeccionaba en los almacenes, también se hacía con la uva, higos, albaricoques...

 

 

 

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Aunque no era zurdo, clavaba les taches para la fabricación de cajones de naranjas dándole al martillo con la mano izquierda en el magatzem de taronges de Enrique Sifre -después del Pauli- que estaba en las afueras de la ciudad, al final de la Calle Hort dels Frares.

Ernesto Pelufo Carrascosa, un alcireño que vino al mundo el 15 de Agosto de 1902, que cuenta en la actualidad con 93 años conserva una memoria envidiable y puede recordar con todo detalle la evolución naranjera en Alzira, donde ha trabajado hasta su jubilación en distintos almacenes, siempre en la sección de carpintería confeccionando cajas para envasar la naranjas para la exportación.

A los diez años, en 1912, diariamente, al mediodía al salir de la clase en l’Escolapía, donde iba a los padres José y Castells, llevaba la comida a su hermano Agustín, que trabajaba en el referido almacén de Sifre. Mientras este consumía las viandas, él emulaba el trabajo de su hermano, del que se percató el dueño, quien se interesó dada su habilidad a tan temprana edad. En 1913, a los once años, fue contratado trabajando ocho horas diarias por las que percibía una peseta de jornal dedicando los domingos a la recolección del dorado fruto en los huertos del término por el mismo importe.

Nos recuerda el señor Pelufo que, para confeccionar una caja para la naranja empleaba 30 clavos que remachaba y daba por terminada la misma en unos diez minutos. La madera les era servida de una serrería que estaba instalada en la Calle Gandía, donde transcurridos los años sería el almacén de Francisco Arbona. Las cajas que fabricaban eran para la cabida de seis, cinco o cuatro arrobas, que una vez llenas con el preciado fruto eran transportadas en carros tirados por caballerías hasta la estación de ferrocarril donde se acondicionaban en los vagones cabiendo en cada uno de ellos unas cien cajas, cuyo destino eran distintos países de Europa.

Avanzando el siglo XX -dice el señor Ernesto- fueron llegando a Alzira distintos comerciantes de naranjas, entre ellos, en 1910, Francisco Arbona, que se instaló en la antigua Cotonera y residiendo en los primeros años en la barriada del Cristo, frente a lo que fue Cuartel de la Guardia Civil.

Aparte de su trabajo en distintos almacenes de naranjas, Ernesto Pelufo ayudaba a su padre, apodado el melonero, que se dedicaba al transporte en dos carros de su propiedad llevando naranjas para embarcarlas en el puerto de Gandía, que por cada viaje cobraba un duro.

Al llegarle el tiempo del servicio militar fue destinado a Melilla, donde participó en la guerra de África, en 1921, durante 26 meses, en los combates del Gurugú y en el Barranco del Lobo. Años después, el 28 de noviembre de 1928, contrajo matrimonio con Encarnación Solá, que era la encargada de la cocina donde se confeccionaban las conservas de la fábrica de Enrique Oria Pelayo, cercana al muelle del ferrocarril, de cuyo enlace nacieron un varón y una hembra. Ernesto también participó en la guerra del 36 y al terminar la misma se empleó de aposentador del cine Giner, el desaparecido teatro del Carrer Nou, donde nos dice que las localidades para acceder el local eran dos quinzets butaca y tres gallets la general.

Trabajó al mismo tiempo en distintos almacenes, como fue en el de Vicente Valiente, al final de les cassetes de Paco; en el de Casesnoves y finalmente en el de Arbona hasta su jubilación. Arbona, en 1919 trasladó el negocio a la calle de la Rugla -Reyes Católicos- y más tarde a la de Gandía -hoy Pérez Galdós- hasta su desaparición para convertirse en un bloque de viviendas.

Por aquellos años primeros de este siglo, la naranja que se comercializaba eran escasas las clases que se cultivaban: blanca, wuashingtona, sanc i mandarina, esta última, ya saben, aquella que contenía pinyols. No sólo eran las naranjas exclusivamente el fruto que se confeccionaba en los almacenes, también se hacía con la uva, higos, albaricoques... la fruta del tiempo.

A principio de los años 30, el naranjo se había convertido en el cultivo hegemónico y la demanda de naranjas valencianas en los felices años veinte había provocado un aumento de superficie cultivadora de cítricos, prueba de ello fue el aumento de almacenes de confección del fruto para la exportación y, por añadidura, el empleo de los trabajadores dedicados a esta especialidad.

La foto que acompañamos, es de la sección de carpintería del almacén de Francisco Arbona, tomada el 12 de Mayo de 1947, con ocasión de la visita que hizo el Jefe del Estado, Francisco Franco, y que entre estos trabajadores que se encontraban confeccionado cajas para las naranjas, pudiera encontrarse entre ellos Ernesto Pelufo.

Alfonso Rovira 24.11.1995

 


                          
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