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jueves, 21 de marzo de 2013
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 De cómo el agua potable dejó de ser potable o por qué es tan importante la ecología y el ecologismo
Artículo de opinión de Pedro Domínguez

“¿Cuántas personas habrán sufrido e incluso muerto por las enfermedades causadas por nitratos y pesticidas?”


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Natura

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Pedro Domínguez Gento
 

Actualmente casi todos los pueblos, como Alzira, tienen las aguas potables contaminadas de nitratos, en tal proporción (más de 50 mg/L) que resultan desaconsejables para embarazadas y lactantes, según las autoridades. En realidad, dichas aguas no deberían ya considerarse como potables, porque los nitratos no son aconsejables para nadie, incluso en proporciones menores, ya que pueden transformarse una vez absorbidos en nitritos, otros compuestos de los cuales se sabe que originan cánceres en el aparato digestivo.

Y no son sólo nitratos, las aguas que llegan a nuestras casas llevan trazas de pesticidas, de metales, a veces, incluso, de bacterias fecales; algunas de tales sustancias normalmente ni se analizan y otras, aunque estén en concentraciones inferiores a las legalmente admitidas, pueden suponer problemas de salud a medio o largo plazo por su efecto bioacumulativo.

Podemos decir con total seguridad que la contaminación nos llega ya a casa, hasta incluso a través del grifo.

No es difícil establecer cuáles son las causas de dicha contaminación. En esencia podemos reducirlas a una bien sencilla: actuamos sobre el medio ambiente que nos rodea como si nuestras acciones sólo tuvieran un primer y único efecto, por ejemplo se abonan con exceso de nitratos los campos de cultivo y se piensa (o se pensaba, por suerte ya empieza a cambiar la mentalidad) que tal cosa no tenía alcance más allá del suelo que se abonaba; ahora empieza a verse, por los problemas ecológicos que surgen por todas partes, que nuestras acciones sobre el entorno tienen efectos secundarios y en cadena; volviendo al ejemplo de los nitratos, aunque hay muchísimos otros, el abonado excesivo, con posteriores riegos o lluvias, hace que buena parte de estos compuestos solubles sean arrastrados por el agua hacia las capas freáticas subterráneas, contaminando así nuestros pozos y manantiales...

La ecología estudia precisamente la interrelación que existe entre los diferentes factores, bióticos y abióticos, que componen un determinado ecosistema; de ahí su importancia y actualidad. Lo que ahora más necesitamos es comprender las repercusiones de lo que hacemos con nuestro entorno. Obviamente también necesitamos encontrar soluciones para los problemas ecológicos que nosotros mismos estamos creando y en esa labor esta ciencia nos puede prestar una ayuda insustituible.

No obstante, dada la inercia de nuestra sociedad, hay una enorme resistencia a poner en práctica lo que la ecología aconseja, porque muchas soluciones pasan por transformar radicalmente nuestros sistemas de producción y consumo. Por eso surgió el ecologismo, un movimiento social que reivindica el respeto a los equilibrios naturales porque, en definitiva, los seres humanos también formamos parte de la naturaleza y lo que hacemos con ella repercute directamente sobre nuestra salud y bienestar. El ecologismo, por tanto, no es un lujo de países ricos, como lo pintan a veces, ni tampoco una nueva superstición arcaizante pretende mejorar las condiciones de vida. No, lo contrario, es realmente una necesidad vital. Somos 5.300 millones de personas en el mundo y nuestra tecnología resulta potentísima, si no cambiamos la mentalidad y hacemos las paces con la naturaleza es posible que nos carguemos la biosfera y nosotros formamos parte de ella...”.

Ese texto lo publiqué en El Alfil en 1991, hace 22 años, posteriormente los ecologistas seguimos denunciando el problema pero con una ciudadanía adormecida y los ayuntamientos gobernados por PSOE, UV y PP no se hizo prácticamente nada al respecto y encima nos acusaron reiteradamente de alarmistas.

Ahora, igual que ha pasado con la burbuja inmobiliaria y la corrupción, el problema ha estallado en toda su gravedad, escandalosamente, sin posibilidad ya de ser camuflado, con más difícil solución y con víctimas de por medio, ¿cuántas personas habrán sufrido e incluso muerto durante esos 22 años por las enfermedades causadas por nitratos y pesticidas?

En fin, soluciones siguen habiendo, pero no son precisamente las que proponen las autoridades actuales. A medio plazo hay que transformar toda nuestra agricultura en ecológica, cosa que puede hacerse sin grandes dificultades, como han demostrado los miles de productores ecológicos de la CV; a corto plazo hemos de abastecernos del agua limpia del Xúquer, tomándola del pantano de Tous o de la Sèquia Reial que pasa más cerca. Filtrar toda el agua que utilizamos en nuestras casas, cuando más del 90% se va a la lavadora, el lavaplatos o el retrete, es una soberana estupidez, por carísima y generadora de residuos.

Pero, sobre todo, las soluciones pasan por actuar en armonía con la naturaleza y poner al cargo de los asuntos públicos a personas dialogantes, receptivas, capaces y que realmente trabajen por el bien común, no por acumular cargos y emolumentos...

Pedro Domínguez Gento 
 


                          
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Opinión

Comentarios de nuestros usuarios a esta noticia

R. Clari - 21/03/2013
Es cierto, la agricultura ecológica es una óptima solución.
Hasta ese momento, un control mínimo por parte de las Cooperativas de las ventas de pesticidas, herbicidas, y abonos minerales sería imprescindible.
No tiene sentido que se faciliten sin control. Que la mayoría de agricultores estén asesorados por quienes tienen parte e interés en la venta de unos productos peligrosos y contaminantes.
La falta de buenos asesores es crucial para que las cosas lejos de mejorar cada año empeoren.
La Ribera del Jucar, una zona fértil y hermosa se está convirtiendo en ejemplo de zona contaminada con los efectos sobre la salud que señalas.
Finalmente, creo que es un problema más de educación que de corrección. La mejor depuradora, es evitar el uso de aquellos productos que perjudican la salud. Unas picaditas en la fruta no matan a nadie. Un tóxico no tiene olor ni color, pero MATA.

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