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EL SEIS DOBLE
domingo, 12 de abril de 2015
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 La ciudad y la naturaleza también son nuestra casa: cuidémosla
Artículo de opinión de Pedro Domínguez

“Hemos sido de los últimos países europeos en construir colectores para las aguas residuales y depuradoras para limpiarlas”

 

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Pedro Domínguez Gento
 

Caminando por la calle vemos plásticos, latas, papeles, manchas negras de chicles aplastados y secos, algún excremento de perro que tenemos que evitar, etc.; y no es que no pasen los barrenderos, es que no dan abasto porque a las pocas horas reaparecen de nuevo los residuos. Y cuando hay alguna fiesta o evento popular, entonces ya es el no va más porque el espacio festivalero acaba convertido en una especie de basurero diluido...

En su casa, prácticamente nadie tira los residuos por el suelo; de hecho nuestras casas suelen estar limpias, con cada cosa en su lugar, incluidos los residuos. Sin embargo en las calles la situación es diferente, mucha gente no tira nada pero una parte de la población no tiene reparos en arrojar envases y similares por el suelo o en cualquier rincón. Es algo repugnante, vergonzoso, que no ocurre en los países del norte europeo, cuyas calles y plazas están limpias a cualquier hora, seguramente con menos barrenderos. Así pues, en Europa somos campeones en suciedad urbana y, curiosamente, también en corrupción política.

¿Por qué pasa esto? Probablemente porque venimos de una cultura agraria austera en la que apenas sobraba nada y por tanto desechaba muy poco, que además era orgánico, de manera que los escasos residuos pronto se reciclaban mediante procesos naturales. Pero hemos pasado, en sólo un par de generaciones, a una sociedad masificada y consumista basada en el usar y tirar que pone todo el énfasis en el consumo y casi ninguno en los efectos secundarios de tal política, de modo que ahora somos muchos más, se tiran más cosas y muchas de éstas son artificiales, tardando muchísimo tiempo en descomponerse. También hemos sido de los últimos países europeos en construir colectores para las aguas residuales y depuradoras para limpiarlas, algunos municipios todavía no tienen; hasta entonces los residuos fecales iban a un pozo ciego en el interior de las viviendas, cercano al aljibe o pozo de agua potable, lo cual originaba frecuentes epidemias de cólera.

Me consta, por experiencia propia, que en los centros escolares se intenta educar a niños y jóvenes para que no tiren los residuos en cualquier parte y colaboren en el reciclaje y el cuidado del entorno; lamentablemente tal labor no se ve reforzada por campañas institucionales para crear esa conciencia colectiva, todo lo contrario, lo que suele verse en los grandes medios de comunicación es un machaqueo continuo para que se consuma mucho y de todo, aunque sea inútil o contraindicado para la salud y el entorno. Las escuelas trabajan a contracorriente y no pueden hacer mucho contra la avalancha de mensajes estupidizantes e irresponsabilizadores de los medios de masas. Para colmo los dirigentes autóctonos, más preocupados por enchufarse y endosarse buenos sueldos en entes públicos o privatizados que en resolver problemas, impusieron aquí la tasa por el reciclaje sin apenas explicarla y en plena crisis, con lo cual consiguieron que numerosos ciudadanos se cabrearan y dejaran de separar los residuos domésticos para luego reciclarlos. Gracias a estos políticos, ineptos e interesados, hemos retrocedido varias décadas también en este tema.

Y si en casa no tiramos nada al suelo, ¿por qué en la calle sí? ¿Tan difícil es comprender que la ciudad es nuestra segunda casa y que debemos cuidarla, sin necesidad de que nos vigile nadie? Todos debemos respetar y cuidar nuestra ciudad, porque es donde vivimos y pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, y si alguien hace lo que no corresponde, cualquiera puede y debe llamarle la atención, no podemos tener un policía en cada calle, ni siquiera es deseable, de hecho un pueblo verdaderamente civilizado necesitaría muy poca policía.

Obviamente no es más limpio quien más limpia sino quien menos ensucia. Además la limpieza y el tratamiento de los residuos nos cuesta millones de €, un dinero que podríamos utilizar, al menos en parte, mucho mejor en otras actividades más útiles e interesantes que recoger lo que unos maleducados e incívicos tiran por doquier.

En la Naturaleza ocurre lo mismo, como podemos ver en épocas como ésta de la Pascua, que en el fondo es la celebración del comienzo de la primavera, un comienzo que anuncian golondrinas y vencejos. En nuestras latitudes, los rincones naturales que se visitan a menudo muestran el rastro de plásticos, vidrios, latas, papeles, compresas, pañales, etc. que dejan los incívicos al visitarlos, todo un muestrario de la degradante sociedad de consumo. Qué desasosiego y qué asco da cuando vas al nacimiento de un río en la montaña y por la senda vas viendo el sucio rastro de los guarros que pasaron antes, con lo poco que cuesta recoger nuestros propios residuos para bajarlos luego y dejar el lugar limpio y agradable, como estaba anteriormente o debiera estarlo.

Peores todavía son quienes juegan con el fuego en nuestros montes. Ponerse a hacer unas brasas para asar algo en la montaña es una estupidez de gran calibre que todos los años provoca incendios y convierte en cenizas millones de árboles, acercándonos cada vez más a los desiertos africanos. Hay que evitarlo entre todos, autoridades y ciudadanos, conscienciándonos, corrigiendo a los irresponsables y si es preciso llamando al 112. Extrememos las precauciones y la limpieza, cuidemos la Naturaleza siempre y más ahora en Pascua, para que no acabemos como los pobres pascuenses...

Hemos de entender y asumir que la Naturaleza es nuestra casa también, la Casa Grande, la casa de todas las especies, incluida la nuestra y como tal debemos cuidarla bien; no sólo por razones lúdicas y de estética, sino porque de ella depende nuestro futuro, incluso nuestra propia supervivencia. No conocemos ningún otro lugar en el Universo donde la especie humana pueda existir, en toda la infinidad de galaxias que existen no sabemos que haya ni un sólo lugar, aparte de la Tierra, donde podamos vivir.

Y si lo analizamos a fondo, en este tema caemos incluso en el ridículo, en un ridículo peligroso. Se investiga en Marte y pronto en otros planetas y satélites si existe o ha existido en ellos vida de algún tipo, se gastan miles y miles de millones en naves y viajes espaciales, y mientras tanto dejan que aquí en la Tierra se extingan miles de especies cada año, algunas todavía desconocidas para nosotros. Está bien investigar y conocer, siempre es bueno saber más, pero lo prioritario ahora no son los planetas lejanos sino nuestro propio planeta, éste que estamos degradando y diezmando aceleradamente. Aquí es donde deberíamos poner todo nuestro esfuerzo para conocer y proteger la diversidad biológica que alberga, porque la Tierra es nuestra Casa y los seres humanos cuidan su casa.

 

 




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Comentarios de nuestros usuarios a esta noticia

marta - 13/04/2015
Gracias pedro, algunos siguen rectos a sus ideologías y principios, por eso te admiro, como persona y ser humano.
viejo - 14/04/2015
Marta,
Seguir rectos las ideologías y los principios, nos llevan al fanatismo y la intolerancia, solo la duda, la discrepancia y la crítica de las ideologías y de los principios nos transportan a la verdadera LIBERTAD.
Solo aquellos ciudadanos que dudan de sus propios principios y que no aceptan ideologías pueden ser considerados LIBRES.
Si repasas la historia verás que también Hitler, Stalin o Franco, eran fieles a sus ideologías y principios y también tenían muchedumbres que les admiraban, no eres ninguna excepción.

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